Pego a continuación el contenido del artículo, para facilitar la lectura:
"Jaime Rubio Hancock. El músico Patrick Cosmos es el autor de una de las ideas más útiles para entender muchos de los disparates políticos que sufrimos cada día, tanto en redes sociales como fuera de ellas. En septiembre de 2025 escribió en Bluesky que estaba trabajando “en una nueva teoría de la realidad americana”, que llamó “ahora todo el mundo tiene 12 años”. Esta herramienta de análisis, aplicable sobre todo a la derecha trumpista, le ayudaba a interpretar, por ejemplo, el masculinismo agresivo de Andrew Tate (“soy fuerte y quiero tener 50 hijos y una granja. Claro que sí, tienes 12 años”) o las preferencias alimenticias de Donald Trump (“no quiero verdura, solo filetes con patatas. Claro, amigo, tienes 12 años”).
Es una teoría perfectamente extrapolable a nuestro país. Por ejemplo, el Partido Popular publicó un tuit este lunes con un vídeo de 2023 en el que se ve a Óscar Puente, ministro de Transportes y entonces alcalde de Valladolid, retorcerse de dolor después de una lesión en la pierna que requirió una intervención quirúrgica. Resulta incomprensible que la cuenta oficial de un partido político se burle de esta escena, sobre todo si recordamos que su portavoz, Borja Sémper, dijo que el objetivo del PP es “desterrar el insulto y la mala educación”. A no ser, claro, que pensemos que su equipo de redes está formado por abusones de 12 años. Entonces todo cuadra. Incluido otro tuit del martes en el que las Nuevas Generaciones del PP mostraban un vídeo de la lluvia sobre la acampada en puerta del Sol por la vivienda y comentaban que “por primera vez en días se duchan”. Buen chiste (si tienes 12 años).
Algunos comentarios al tuit sobre Puente recordaban que el ministro se ha hecho popular en X por insultar a políticos y periodistas. Es una respuesta muy de preadolescente (“¡él empezó!“), pero sí, es verdad, los tuits faltones de Puente también se entienden mejor si pensamos que los ha escrito un niño. A lo que se puede señalar que Puente solo se pone faltón en una estrategia que consiste en responder a la derecha trumpista con su propio lenguaje. Y estoy de acuerdo, pero sigue siendo deprimente porque al final lo que ocurre es que si queremos llamar la atención en redes hemos de actuar como niños de 12 años.
Este comportamiento no es exclusivo de las redes sociales, pero sigue la lógica algorítmica: las plataformas premian a quien sabe llamar la atención. ¿Y quién llama la atención mejor que un niño de 12 años? ¿Quizás un niño de 11 años? La investigadora de la Universidad de Georgetown Renée DiResta escribe en Invisible Rulers que las redes moldean el contenido que creamos y compartimos: si Instagram deja de premiar las fotos y quiere vídeos breves, quien quiera mantener seguidores se pasará a los vídeos breves. Esto no afecta solo a la forma, sino también al fondo, y si redes como X premian el enfrentamiento y la provocación, habrá que ofrecer enfrentamiento y provocación o quedar enterrado y olvidado. Además, la competencia por la atención lleva a un contenido cada vez más extremo, por lo que no resulta sorprendente que a un responsable de comunicación política le acabe pareciendo razonable publicar un tuit burlándose de alguien que se retuerce de dolor. Las publicaciones no se dirigen solo a humanos, escribe DiResta, sino “a la intersección entre humanos y algoritmos”.
Hay muchos ejemplos: pensemos en Isabel Díaz Ayuso cuando suelta expresiones como “el bulo del culo” o insinúa un pucherazo en el voto por correo. O cuando Vox tuitea que si Maricarmen se llamara Morocarmen no la habrían desahuciado, en un juego de palabras digno de un niño de 12 años (aunque no de los listos). Y algunos usos de la inteligencia artificial se pueden ver como la fantasía de un crío: “Le he pedido a la IA que me saque a los de la acampada de Sol como si fueran hippies piojosos, jeje…”.
Sé que esta comparación es injusta. Con los niños, quiero decir. Pero no olvidemos que la teoría de Cosmos es un chiste, no un estudio científico. El humor puede ayudar a señalar incoherencias y a cuestionar discursos que se presentan como si fueran solemnes o agresivos, pero que al final no son más que rabietas e insultos infantiloides. El único consuelo que nos queda cuando vemos un tuit como el de la burla del PP es que no se dirige a nosotros, humanos y posibles votantes, sino, sobre todo, al algoritmo. Están intentando convencer a una máquina de que les haga caso."

