Un análisis afilado de la ofensiva derechista española. Pego algunos trozos.
“Toda comunidad política se define por sus límites, por lo que deja fuera. Y en España hay una durísima pelea discursiva de fondo por definir qué es lo que le cabe y lo que no le cabe a nuestra democracia, porque el pacto de 1978 no lo dejó claro”.
“las tradiciones políticas de las izquierdas siempre han postulado una idea de democracia como aquello opuesto a dictadura. Lo que no le cabría a la democracia española, su afuera constitutivo, el límite que la define, es el franquismo frente al que se levantó. Entiéndase bien, esta idea es en buena medida una ficción, porque la democracia española se negoció con los franquistas y buena parte de sus límites se explican por ello. Lo que definiría a la comunidad política es por tanto el ejercicio de la libertad política. Ahí comenzamos a ser un nosotros en el que encontrarnos”.
“Para las derechas, en cambio, aunque crecientemente para sectores del progresismo, el nosotros lo define la nación española, que después supo darse, o recibir desde arriba gracias al consenso de las élites, unas reglas del juego democráticas. No es una distinción menor. La democracia no sería lo opuesto al franquismo sino el resultado logrado entre partidarios y opositores de la dictadura -lo que Feijóo llama “la etapa predemocrática”- para que haya paz en la nación. Y la nación sería anterior y superior a la soberanía popular. Su límite, lo que no cabría en la comunidad política legítima, es entonces lo que niega la nación española con la territorialidad que la Constitución establece y cuya defensa encomienda a las Fuerzas Armadas, cuyo jefe último es el Rey -no por casualidad convertidos en símbolos políticos de parte. A partir del discurso del antiterrorismo contra ETA, las derechas fueron dibujando un perímetro diferente, en el que el “afuera constitutivo” de la comunidad política no era el autoritarismo o la dictadura sino el independentismo”.


