Rita Bosaho analiza el discurso securitario de Gabriel Rufián en Salvados y recuerda que la migración nace del expolio colonial del Sur Global.
En su intervención, Gabriel Rufián dedicó un bloque a relacionar migración y seguridad bajo el pretexto de «hablar de lo incómodo.» Argumentó que el marco de la derecha está «compradísimo» y que la izquierda debe «competir dentro de él». Defendió la necesidad de controlar fronteras y aplicar el principio de «el que la hace la paga, te llames Antonio, Nicolai o Hassan», justificando su postura al afirmar que «los ‘Vaquillas’ de ahora son los migrantes pobres, los roba-gallinas; el de los 80 era de La Mina y el de ahora es de otro sitio», concluyendo que señalar esto no es racismo, sino «la removed verdad».
Esa narrativa es un ejercicio de oportunismo y espectacularización. Tras un lenguaje pretendidamente pragmático y transgresor, Rufián despliega una trampa dialéctica que refuerza la securitización y valida los prejuicios raciales. Al comparar la migración vulnerable con la figura de «El Vaquilla», simplifica la complejidad social, criminaliza la pobreza y sitúa a los cuerpos no blancos en el foco del señalamiento público. Si un líder político se reclama de izquierdas, no puede revestir su discurso de violencia estructural ni amenazar con consignas punitivas. El Estado de derecho ya dispone de herramientas legales para perseguir los delitos; recurrir a consignas simplistas solo demuestra una profunda falta de solvencia política.


