Quien vota a su verdugo no puede exigir respeto. Camaradas: Hay una contradicción que ya no podemos seguir maquillando: la de quien reclama respeto mientras entrega su voto, su voz y su aplauso a quienes lo desprecian. La dignidad empieza por uno mismo. Un trabajador que apoya a un partido antiobrero, una mujer que apoya…